31 enero, 2011

La política del avestruz



Raúl Prada Alcoreza

Se ha dicho muchas veces que la avestruz esconde la cabeza cuando está en peligro; sin embargo, esto es falso. Lo que pasa es que, cuando se sienten en peligro, los avestruces bajan la cabeza a ras de suelo para ocultar su largo cuello y confundir a los depredadores que no pueden distinguir la cabeza de su presa a la distancia. Así mismo bajan la cabeza a ras de suelo mientras empollan los huevos para ser menos visibles y ocultar en lo posible la ubicación del nido.

A su vez, los polluelos estiran su cuello a lo largo del suelo al sentirse amenazados para ocultar su situación. En conclusión, como mecanismo de defensa o protección los avestruces colocan la cabeza y el cuello sobre el suelo para disimular su altura y pasar desapercibidas. Como se puede ver se trata de una figuración popular basada en una apreciación deformada de las observaciones. Sin embargo, no se trata de la verdad o falsedad del enunciado, sino de la sabiduría popular, de una figura en el imaginario social. Escondes la cabeza como el avestruz se dice de alguien que no quiere ver la realidad, que no quiere ver el peligro, que esconde la cabeza, para no ver, como si al no ver desapareciera el mundo y el peligro, suplantandolo mas bien con un mundo ficticio, con una ilusión. El avestruz no esconde la cabeza en un agujero empero hay quienes lo hacen como si fuesen la avestruz de la imagen popular. En este caso la leyenda es más verdadera cuando se refiere a los comportamientos humanos.

Después de la crisis del gasolinazo, del levantamiento popular que obliga a la abrogación del decreto 748, no se puede hacer las cosas como si aquí no pasó nada, decir por ejemplo, en verdad apoyan el gasolinazo sólo que no era el momento, cuando las evidencias de los acontecimientos nos mostraron a un pueblo que rebasó a sus dirigentes en todo el país, en todas las capitales departamentales, a excepción de Cobija, en varios centros urbanos importantes, particularmente mineros. Cuando la ciudad de El Alto, que ha efectuado la guerra del gas exigiendo la nacionalización los hidrocarburos, sale a las calles, afecta instituciones y realiza una marcha multitudinaria a la ciudad de La Paz demandando la abrogación del decreto en cuestión. Ante la evidencia y la elocuencia de estos hechos no se puede sostener lógicamente la sugerencia de que salieron a las calles para apoyar el gasolinazo, sólo que no era el momento. Por otro lado no se puede hablar de contradicciones como si estuviéramos en la China de 1937 y en la de 1957, y no referirse a las contradicciones concretas del proceso constituyente en Bolivia. Una de las contradicciones más evidentes es la diferencia entre discurso y política, se dice una cosa y se hace otra. Un pequeño listado basta como muestra, se dice que se han nacionalizado los hidrocarburos cuando lo que se ha hecho es una modificación de los contratos de operaciones, se nombra directores nominales de las empresas nacionalizadas, empero el control efectivo técnico de la producción y comercialización, a través del monopolio de los mercados, el monopolio tecnológico y el monopolio del capital, la siguen ejerciendo las empresas trasnacionales. La expropiación de los expropiadores, tal como exigió la Agenda de Octubre brilla por su ausencia. Se firman las resoluciones de Tiquipaya-Cochabamba en defensa de la madre tierra, siendo vinculantes para Bolivia, y precisamente no se cumplen las mismas en el territorio que cobijó y organizó la Cumbre de los pueblos y movimientos sociales contra el cambio climático. Se dice que se manda obedeciendo cuando se ha impuesto una dictadura de funcionarios que deciden políticas y medidas sin consultar un ápice al pueblo, como manda la Constitución y un Estado plurinacional que tiene como sistema de gobierno la democracia participativa. Se hacen leyes que deberían responder a la Constitución y lo que resulta de elaboraciones casi secretas de leyes por parte de abogados que no tienen la menor idea de la Constitución, del proceso y de las rupturas conceptuales que requieren leyes fundacionales, terminan siendo leyes transicionales que restauran el viejo estilo de hacer leyes, sin participación popular, rearmando el viejo Estado-nación, que no es otra cosa que una forma liberal del Estado colonial. Se dice que hemos salido del modelo neoliberal y hasta ahora no se abroga el 21060 que inicia dramáticamente, a través de medidas de shock, el proyecto neoliberal de desposesión de los recursos naturales y suspensión de derechos de los trabajadores, salvo en lo que tiene que ver con el artículo 55. La modificación de este artículo no abroga el decreto inaugural del neoliberalismo, a no ser que se crea que en este artículo se coagula todo el decreto, lo que a todas luces es disparatado sostener. Por último se dice que se lanza un decreto de nivelación de precios para apoyar la producción, evitando mantener alicientes al contrabando por la diferenciación de precios de los combustibles, cuando en el fondo se trata de atraer inversiones de las empresas trasnacionales, creándoles condiciones atractivas, que no son otra cosa que mejorar sus los márgenes de superganancias.

Estas son las contradicciones de las que se tienen que hablar y no de contradicciones principales y secundarias, tampoco de la distinción de contradicciones antagónicas y contradicciones no antagónicas, ni de tensiones creativas. Este es un cuento chino. De lo que hay que hablar es de las contradicciones inherentes al proceso de transformación y fundacional constituyente, es decir relacionado a la materialización y realización de la Constitución, mediante transformaciones institucionales, transformaciones estructurales económicas, políticas, sociales y culturales. Incluso, volviendo al cuento chino, ¿por qué no hablar de las contradicciones entre el pueblo y la burocracia que se apropio del Estado, del gobierno y de la gestión, monopolizando las decisiones políticas? Esto es precisamente lo que mató la revolución China y la convirtió en la antesala de una nueva versión del capitalismo en el crepúsculo del ciclo del capitalismo norteamericano, que de acuerdo al cuento chino de los burócratas del partido se llama socialismo de mercado. Esto suena al otro cuento del socialismo comunitario y del socialismo de siglo XXI, que no son otra cosa que versiones populistas y nacionalistas del Capitalismo de Estado. Esta forma de Estado es tal en las condiciones bolivianas por su carácter nacionalista y su ilusión desarrollista, basado en la retórica industrialista y en la anhelada sustitución de importaciones. Dejemos de lado la forma de Capitalismo de Estado vinculado a los monopolios trasnacionales y al dominio del capital financiero, tal como lo concibieron Pollock y Hilferding, que es una forma adecuada a los países del centro y en el norte del sistema-mundo capitalista. El capitalismo de Estado en Bolivia es tal primero porque se encuentra inserto dentro los flujos financieros, de capital, tecnológicos, de fuerza de trabajo y de recursos naturales, segundo porque el Estado postula una industrialización por la vía capitalista dependiente, aprovechando su monopolio político, como Estado interventor y Estado regulador, tercero porque no sale y no escapa de la gravitación histórica colonial de la herencia nacionalista. No hay por donde se pueda diseminar estas condicionantes históricas y esta dependencia del capitalismo periférico y de la subalternidad del Estado en el sur del sistema-mundo. Menos se puede hacer desaparecer el proyecto efectivo en el que se encuentra atrapado el bloque dominante del gobierno, pragmático, circunscrito en el realismo político, nacionalista, ahora descubierto en su hibridación con la herencia instrumental del neoliberalismo.

Llamemos entonces política del avestruz a ese estilo de querer hacer desaparear los problemas, las contradicciones, la irrupción de los hechos y de los acontecimientos, los peligros y desafíos, mediante el recurso a la retórica, al teatro político, la ceremonialidad del poder, haciendo gala del monopolio de las decisiones, de la burocracia, de la violencia simbólica y práctica. La política del avestruz no resiste la discusión, la prueba lógica, menos la elocuencia material de los acontecimientos. No se trata de ninguna manera de descartar al avestruz de su ecosistema, tampoco de despreciar las estrategias de la ilusión política, sin embargo, se trata de comprender la disposición de poder de los discursos políticos que exorcizan al demonio de las contradicciones.

DESCARGAR EN PDF:

No hay comentarios:

Publicar un comentario